Espelette fue nuestra última parada del día y, comparado con Ainhoa y Sare, nos pareció un pueblo con bastante más ambiente. Aunque sigue siendo pequeño, había mucha gente, tiendas, terrazas y movimiento por las calles.
Lo que más nos gustó fue precisamente ese ambiente y el conjunto de casas blancas con contraventanas rojas y de colores. Los pimientos aparecen por todas partes y terminan formando parte del paisaje del pueblo. Nosotros no compramos productos típicos, pero sí paramos a tomar un helado y recorrimos Espelette con algo más de calma.
También entramos en el Château des Barons d’Ezpeleta, donde vimos una exposición dedicada a Armand David. En nuestro vídeo contamos su relación con China, el panda gigante y el ciervo del padre David. No nos pareció una visita imprescindible, pero sí una curiosidad interesante dentro del paseo.
Mapa de la ruta
Abre el recorrido y úsalo sobre el terreno.
El enlace mantiene las paradas en el orden de nuestra visita y puedes adaptarlo a tu alojamiento.
El frontón forma parte del recorrido por Espelette, pero para nosotros fue la parada más prescindible. Después de haber visto varios frontones durante la jornada, este nos pareció bastante normal.
Esta fue la parte que más nos gustó. Espelette tiene muchísimo ambiente para ser un pueblo pequeño: gente paseando, tiendas, terrazas y fachadas blancas con contraventanas rojas, verdes o de otros colores.
Los pimientos rojos aparecen colgados en muchas fachadas y también llenan escaparates y tiendas. Nosotros no compramos nada típico, pero sí paramos a tomar un helado mientras recorríamos el centro con calma.
Entramos en el Château des Barons d’Ezpeleta y vimos una exposición dedicada a Armand David, personaje muy ligado a la historia local. En nuestro vídeo explicamos su relación con China, el panda gigante y el ciervo del padre David.
La visita nos pareció interesante como curiosidad, aunque no fue lo más destacado de Espelette.
De camino hacia la iglesia pasamos por una zona mucho más tranquila junto al arroyo, con pequeños puentes, vegetación y casas tradicionales alrededor. Es un contraste agradable después del ambiente más intenso del centro.
Terminamos la visita entrando en la iglesia Saint-Étienne. Por fuera destaca su torre, y en el interior volvimos a encontrar las galerías de madera tan características de los templos de esta zona.
También fotografiamos el altar y el retablo, así que esta parada queda bien documentada tanto por fuera como por dentro.
La hoja operativa de nuestra ruta empieza en el Parking de l’Église, en Rue de Xerrenda, junto a la iglesia Saint-Étienne. Desde ahí el recorrido se hace a pie por el centro.
Nuestra experiencia real
Lo bueno, lo mejorable y lo que haríamos distinto.
Lo que vivimos de primera mano y las decisiones que tomaríamos al repetir el viaje.
Lo mejor
Lo que más nos gustó fue el ambiente del pueblo y el encanto de sus casas blancas con contraventanas de colores.
Qué repetiríamos
Volveríamos a pasear con calma por el centro, las tiendas y las calles con fachadas tradicionales, parando a tomar algo.
Qué cambiaríamos
No hubo nada que nos decepcionara especialmente. El frontón fue lo más prescindible porque nos pareció bastante normal comparado con otros que habíamos visto.
Consejo que nos habría gustado saber
Espelette merece algo más de calma que Ainhoa o Sare. Reserva alrededor de 1 h 30–2 h, y más si quieres entrar en tiendas, tomar algo o hacer compras.
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