Nos recogieron cerca del Hotel Lero, en Dubrovnik, y un acompañante español nos llevó en coche hasta el punto donde se reunían los distintos grupos y autobuses. Desde allí continuamos por carretera hacia Bosnia y Herzegovina. Llevábamos DNI y pasaporte, pero en nuestro paso fronterizo utilizamos el DNI. Esperamos aproximadamente 15–20 minutos a la ida y un tiempo parecido al regresar: el día se hizo largo por las horas de carretera, no por una cola fronteriza especialmente complicada.
En Mostar nos esperaba un guía local que había sido soldado bosnio. Gran parte de sus explicaciones estuvieron dedicadas a la guerra y a lo dura que había sido, contada desde su propia experiencia. También habló de la llamada a la oración —el adhan, recitado por el almuecín— y nos enseñó un antiguo baño de tradición otomana. No conservamos el nombre exacto del baño y preferimos no inventarlo.
El cambio cultural desde Croacia nos pareció enorme. La presencia de mezquitas, minaretes y la llamada a la oración hizo que percibiéramos Mostar como una ciudad de identidad musulmana y otomana muy marcada. Esa fue nuestra impresión al llegar; la guerra de Bosnia no puede resumirse únicamente como un conflicto religioso, porque también tuvo dimensiones políticas, territoriales y étnicas profundamente entrelazadas.
Recorrimos con el guía el casco antiguo y después tuvimos tiempo por libre. Vimos la pequeña Kriva Ćuprija, los callejones empedrados, los minaretes y, por supuesto, Stari Most. El puente sobre el Neretva, el río, los edificios y los puentecitos del entorno forman la imagen que más nos gustó. El puente actual reconstruye el monumento del siglo XVI destruido en 1993; volvió a abrir en 2004 y el área histórica forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2005.
Comimos en Tima‑Irma, en pleno centro. Pedimos una parrillada enorme para compartir con distintos tipos de carne, pan plano, pimientos asados, tomate, lechuga, cebolla, ajvar, queso blanco y otros acompañamientos. Era un sitio sencillo y muy concurrido en la oferta del centro, sin pretensiones, pero estaba bueno, servían muchísima cantidad y nos pareció una de las opciones prácticas más acertadas de la zona. También probamos una pequeña botella de Hercego Blatina, un tinto elaborado con la variedad autóctona Blatina.
Mostar nos gustó y sí la recomendamos. El casco histórico se puede recorrer bien durante una mañana; con un día completo basta para una primera visita y nosotros no vimos necesario dormir allí. La excursión organizada es cómoda si partes de Dubrovnik y no quieres ocuparte del cruce fronterizo, pero resulta larga para el tiempo efectivo de visita. Por libre tendrías más libertad, aunque con un coche de alquiler hay que comprobar antes la autorización y cualquier suplemento para cruzar la frontera.
Información oficial de la UNESCO sobre Stari Most y el casco histórico
Documentación y recomendaciones de viaje actualizadas del Ministerio de Asuntos Exteriores