Metimos Šibenik en la ruta porque nos pillaba de camino entre Zadar y Split y habíamos leído que merecía la pena. La idea era sencilla: hacer una parada cómoda, conocer el casco antiguo, comer allí y continuar viaje.
Nos sorprendió para bien. La Catedral de Santiago y la plaza que tiene al lado fueron lo que más nos impresionó, y también disfrutamos mucho de la pequeña subida por las calles empedradas del casco histórico. Entre esos rincones apareció además la escultura del niño con el paraguas, uno de esos detalles inesperados que se nos quedó grabado.
Estuvimos unas tres horas y media en total, comida incluida. No subimos a ninguna fortaleza ni entramos en la catedral: nuestra visita fue exterior, a pie y muy concentrada. Para nosotros funciona especialmente bien como parada práctica si haces Zadar → Split y quieres añadir algo bonito al recorrido sin convertirlo en una jornada completa.