Primera impresión
Primošten entra por los ojos desde el primer momento.
El casco antiguo se concentra en una pequeña península rodeada por el Adriático. Antes de subir por sus calles ya aparece la imagen clásica del pueblo: casas de piedra, tejados rojizos, agua transparente y la iglesia dominando la parte más alta.
Nos gustó porque no exige una ruta complicada. Se puede pasear sin prisa, subir hasta la iglesia, bajar hacia las playas y reservar el gran final para el mirador de la colina Gaj.