Sare fue nuestra segunda parada de la jornada, después de Ainhoa y antes de subir a La Rhune. Es un pueblo muy pequeño y, para nosotros, se puede ver bien en aproximadamente una hora.
Lo que más nos gustó fue el conjunto de la iglesia de Saint-Martin con el cementerio, todo junto, y las callejuelas del pueblo. Nosotros estuvimos algo más porque compramos un pastel vasco en la pastelería junto a la iglesia y después fuimos hasta el parque, desde donde queríamos ver el Larrun. El parque en sí nos pareció prescindible; fuimos sobre todo por esas vistas.