Ainhoa fue la primera parada de nuestra jornada antes de continuar hacia Sare, La Rhune y Espelette. Llegamos aproximadamente a las 10:00 y salimos hacia Sare alrededor de las 11:30, así que nuestra visita duró cerca de una hora y media.
Lo que más nos llamó la atención fue que prácticamente todo el pueblo se concentra en una única calle. Las casas blancas, con ventanas, puertas y carpinterías en rojo, verde o azul, forman el conjunto que más recordamos de Ainhoa. También pasamos por la iglesia y el cementerio, donde nos sorprendieron las estelas discoidales. Es un pueblo muy pequeño y se ve en poco tiempo, pero nos pareció precioso y no hubo nada que nos decepcionara.