Elantxobe fue la segunda parada de nuestra jornada después de Ea. Lo primero que sorprende es su forma: el pueblo está construido en una ladera muy pronunciada y las calles, escaleras y casas van cayendo hacia el mar. Esa sensación de que todos los caminos conducen al puerto es precisamente una de las cosas que más nos gustó.
Recorrimos la parte alta y fuimos bajando por sus calles, disfrutando sobre todo de las vistas al puerto y al Cantábrico. La plataforma giratoria de autobuses nos pareció una curiosidad genial: como apenas hay espacio para maniobrar, gira el suelo para colocar el autobús en sentido contrario. El gran aviso práctico es el desnivel: bajar se disfruta, pero todo lo que bajas después toca subirlo, y con calor se nota bastante.

